> Museo de la Diáspora Rusa«Casa Blanca»Музей Русской Диаспоры «Белый Дом»

BIENVENIDOS a nuestra Casa-Museo en la Colonia Rusa San Javier (Uruguay)
Monumento Histórico Nacional desde el año 2011.

ДОБРО ПОЖАЛОВАТЬ в наш Дом-Музей в русской Колонии Сан-Хавьер (Уругвай)

Национальный Исторический Памятник из 2011 года.


Premiado por: Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay | Embajada de la Federación de Rusia en Uruguay.
Declarado de Interés por: Junta Departamental de Río Negro | Ministerio de Turismo y Deportes.

sábado, 5 de mayo de 2018

Concierto de Canciones Rusas “О любви и ностальгии” (“De amor y nostalgia”) con ocasión del 10º Aniversario del Museo


Comenzando las celebraciones con motivo del 10º Aniversario del Museo de la Diáspora Rusa “Casa Blanca” en la Colonia Rusa San Javier (Uruguay), su fundador Nicolás Golovchenko Villagrán ofreció un espectáculo musical para agasajar a los incondicionales y más allegados amigos del Museo. La cantante Norma Karamán, nativa de San Javier y actualmente residente en Génova, Italia, llegó para obsequiar un repertorio de trece canciones tradicionales y populares rusas, siendo virtuosamente acompañada por el bandoneón a cargo de la Maestra concertista Teresita Godoy, de la ciudad de Paysandú.

El clima mejoró justo a tiempo para que nuestros amigos invitados se congregaran junto a la terraza de la histórica Casa-Museo a disfrutar del espectáculo. Norma Karamán abrió con una Казачья песния (“Canción Cosaca”), continuando con Мой костёр (“Mi hoguera”); Ивушки (“Sauces”); Отговорила роща золотая (“El bosque dorado”), con letra del gran poeta ruso Serguey Esenin; У церкви стояла карета (“Junto a la iglesia esperaba una carreta”); Тополя (“Álamos”); Хризантемы (“Crisantemos”); Подмосковные вечера (“Tardes de Moscú”), entre otras, finalizando con la universalmente conocida Катюша (“Katiusha”), que fue coreada por todos los presentes.

Momento de mayor emoción se produjo con la canción Бабушка ("Abuelita"), que fue dedicada por la cantante a su abuela doña Nina Semikin, actualmente la más longeva descendiente de los fundadores rusos de San Javier, y que por razones de salud no pudo estar presente. En su persona también homenajeamos a todas las abuelas, con especial recuerdo de nuestra abuela Amelia Fernández de Golovchenko, cuya pérdida lamentamos recientemente.

Las tradicionales melodías rusas fueron propicias para evocar amores y nostalgias, rememorando estos primeros diez intensos años de vida y labor de rescate del patrimonio histórico y cultural de la Diáspora Rusa en Uruguay, y recordando también a los seres queridos y amigos que han honrado nuestra Casa a lo largo de una década y que ya no se encuentran entre nosotros.

El Intendente Departamental de Río Negro, Ing. Agr. Oscar Terzaghi, envió un mensaje en el cual, “agradeciendo la deferencia de haber sido invitado al 10º Aniversario del Museo de la Diáspora Rusa “Casa Blanca”, lamenta que por motivos de agenda se ve impedido de asistir a tan importante celebración, siendo representado por la Sra. Directora de Cultura Estela Golovchenko por intermedio de quien saluda a su fundador Sr. Nicolás Golovchenko Villagrán con los mejores deseos de continuidad y crecimiento en el rescate de los valores y principios de la diáspora rusa.”

Por su parte, el Sr. Cónsul de Ucrania en el Uruguay, Dr. Diego Guadalupe, envió una emotiva nota al Fundador donde destacó: “El Museo y la celebración son muestras de la excelente integración de las colectividades de inmigrantes de distintos orígenes, incluidas las eslavas, en Uruguay, tierra de paz, con firme deseo de que ésta reine en toda la tierra. El desafío y la misión que usted desarrolla en el Museo son ejemplo para todos, manteniendo la singularidad de la memoria de la comunidad, y fuente de inspiración al trabajo serio y de investigación que usted encarna. Reciba usted mis excusas al no poder asistir, lo cual lamento profundamente.”

El Sr. Embajador de Rusia en Uruguay, Nikolay Sofinskiy, excusó amablemente su imposibilidad de asistir por compromisos previamente asumidos.

Con este Concierto, el primero de una serie de actos conmemorativos del 10º Aniversario, se reabre al público la histórica Casa-Museo, dando inicio a una nueva y animosa temporada de actividades.


GALERÍA DE FOTOS

El Fundador del Museo presenta el Concierto de Canciones Rusas “О любви и ностальгии” (“De amor y nostalgia”).

Norma Karamán acompañada por el bandoneón de la Maestra Teresita Godoy.

El palio de jazmines de la Casa-Museo enmarcó la actuación musical.

Un ramo de crisantemos para doña Nina, abuela de la cantante, y un homenaje a todas nuestras abuelas.


Las artistas reciben ramos de flores y la ovación del público.

En representación del Gobierno Departamental de Río Negro, estuvo presente la Directora de Cultura Estela Golovchenko.

Luego de la actuación, el anfitrión brinda con los entusiastas amigos del Museo.

Con Clarita Chaparenko, Nina Pasiecznik, Elena Duque y Chiquita Silva.

Con Alicia Maristán, LarisaOlga Avguchenko, Teresita Godoy, Magdalena Morganti, Gladys Silva, Elena Duque y Chiquita Silva.

Con Norma Karamán, Teresita Godoy, Olga Jodus, Adela Bondarenko, Elena Roslik y Nelly Chulak.

Con Clarita Chaparenko y las concertistas.

Con Norma Karamán, Mary Zabalkin, Leo Lorduguin, Iván Zagorodko y Alejandro Estrada.

Con María del Carmen Morganti.

Con el artista local Spencer y Vladimir Roslik.

Con Omar Karamán, Clarita Chaparenko, Norma Karamán y Leo Lorduguin.

Con la concejal Shirley Cirone.

Con Rodolfo Golovchenko y Lourdes Magnoni, incansables colaboradores del Museo.





Invitación al Concierto de Canciones Rusas “О любви и ностальгии” (“De amor y nostalgia”)









miércoles, 3 de enero de 2018

Con motivo del 10º Aniversario del Museo de la Diáspora Rusa "CASA BLANCA" en la Colonia Rusa San Javier, inauguramos esta nueva sección: "Proceso de restauración". En ella compartiremos algunas reflexiones, información y material gráfico inédito sobre los trabajos de restauración que hemos venido realizando en la histórica finca, sede del Museo, desde el año 2007 hasta el presente.


Haga click sobre la imagen:

Algunas palabras sobre la restauración y conservación de la finca "Casa Blanca"


Una de mis mayores preocupaciones al momento de tomar posesión de la antigua finca “Casa Blanca” de la Colonia Rusa San Javier, a finales del año 2006, era devolverle al edificio y a su parque circundante el decoro y la dignidad que habían perdido gracias a décadas de abandono y descuido por parte de sus anteriores propietarios, a lo cual también contribuyó en buena medida el vandalismo de los propios vecinos de la villa y la desidia de las autoridades municipales –las cuales nunca se manifestaron en actos concretos de protección efectiva, salvo el frustrado intento del Intendente Municipal de Río Negro Dr. Mario Carminatti, quien a comienzos de la década de 1990 estuvo a punto de adquirir la finca como bien municipal, para destinarla a fines sociales.

Esta principal preocupación se presentaba ante mí como un doble desafío, por cuanto comprendí bien pronto que los trabajos de recuperación y rehabilitación edilicia deberían al mismo tiempo respetar en todo lo posible el estado actual de conservación de los materiales constructivos, y que necesariamente debería encontrar el punto límite por encima del cual mi intervención estaría atentando contra el testimonio de su histórico pasado. Descubrí que la huella del tiempo transcurrido sobre la finca, en sus variados aspectos y en sus más escondidos rincones, también eran elementos esenciales de su historia, que no se podrían alterar o modificar sustancialmente sin destruir con ello de forma irrecuperable la acción paciente del tiempo, que nos evoca lejanas y pretéritas épocas.

Definir los criterios de restauración que guiarían mi obra no me resultó tarea sencilla, máxime cuando mi siempre ajustado presupuesto no me permitió contar con asistencia técnica, y la colaboración de manos amigas que se sumaran a las mías propias, fue más bien escasa, cuando no inexistente, en la realización de la gran mayoría de los trabajos de restauración. Mis naturales dudas y vacilaciones se vieron a veces acrecentadas frente a sugerencias de algunas personas que, seguramente con buena intención, me proponían cambios drásticos que implicaban la destrucción y sustitución de materiales y estructuras originales, como por ejemplo, el recambio de todas las aberturas de carpintería; la elevación de los niveles del pavimento exterior; la instalación de servicios sanitarios en diversas habitaciones, convirtiendo el aljibe en cámara séptica; el descarne de los revoques de todas las paredes interiores y exteriores, dejando visible la mampostería de piedra; la eliminación de la antigua verja perimetral, y otras varias ideas que tenían tanto de bienintencionadas (según sus respectivas fundamentaciones) como de agresivas y estrafalarias para la conservación del edificio. Hoy puedo concluir que fue atinada decisión el no haberlas aceptado.

Sólo las largas y silenciosas horas de lectura y de estudios que colmaron mi niñez y mi adolescencia, principalmente zambullido en la historia antigua y en el arte; algunas viejas lecciones aprendidas de mi abuelo materno en materia de construcción edilicia y de escultura, y el recuerdo imborrable de mi peregrinación por algunas admirables y famosas ruinas, monumentos históricos y museos del Viejo Continente, fueron el mayor caudal de conocimientos que me permitieron zanjar con relativo acierto las infinitas disyuntivas frente a las que hube de enfrentarme casi solo, a cada paso, acrisolando con la observación minuciosa, la experiencia directa, el ensayo y el error –inevitable en toda obra humana— una cierta pericia técnica en la restauración arquitectónica que no había tenido tiempo ni ocasión de adquirir en ninguna academia, pero que no por ello fue menos exigente en sus objetivos y menos rigurosa en su ejecución, la cual, por cierto, todavía sigue en curso y lo seguirá aún por largo tiempo.

Y en cuanto a sus resultados, como siempre estuvieron expuestos a la crítica mordaz de mis contemporáneos, desde el mismísimo comienzo de mi actuación, prefiero a partir de ahora, al comenzar a hacer públicas estas reflexiones, dejarlos a la espera de la crítica serena de las generaciones futuras, que auguro serán más ecuánimes, y sobre todo, más nobles al juzgar el legado de quien, precediéndolas en el tiempo, las tuvo siempre presentes en el espíritu todavía antes de que nacieran, como brújula de su accionar, pues mi obra no es otra cosa que un puente entre el pasado, del cual se alimenta, y el futuro, en el cual se justifica. Habiendo tenido siempre entre mis manos la potestad de actuar de forma caprichosa y destructiva dentro de los confines de mi propia casa, la conciencia del juicio distante de quienes todavía están por venir ha sido más poderosa que la mirada escrutadora de quienes ya han venido, para contenerme –al tiempo que motivarme– a administrar este simbólico espacio, también valioso para la comunidad, con la prudencia y el cuidado de quien voluntariamente nunca se sintió del todo su dueño único y absoluto, aun siéndolo así en la letra de la ley.

Gran satisfacción me representa haber ido encontrando, con el paso de los años, las diferentes recomendaciones e instrumentos legales internacionales de protección del patrimonio histórico de la Humanidad, comenzando por la pionera Carta de Venecia del año 1964, junto con la autorizada opinión técnica entre muchas otras de igual jerarquía del arqueólogo guatemalteco Carlos Rudy Larios Villalta, en las cuales he visto confirmadas mis observaciones e intuiciones personales sobre los más adecuados criterios de restauración y de conservación del patrimonio histórico arquitectónico de nuestras comunidades. Todas esas consideraciones técnicas son, a mi juicio, aplicables no sólo a esta finca “Casa Blanca”, Monumento Histórico Nacional de la Colonia Rusa San Javier de la cual poseo personalmente la responsabilidad de su conservación y custodia, sino también a los otros escasos edificios y sitios históricos que la rodean, que deberían ser considerados, tratados y gestionados no en forma fragmentaria y descoordinada, como hasta ahora, sino en un conjunto armónico y coherente, en su calidad de únicos testimonios arquitectónicos supervivientes de los antiguos fundadores rusos de esta centenaria villa.

Nicolás


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Año 2006: La finca Casa Blanca al momento de la compra

Criterios de restauración: recomedaciones del arqueólogo Carlos Rudy Larios Villalta

Carta de Venecia, 1964


© 2018 Nicolás Golovchenko Villagrán
(Museo de la Diáspora Rusa "Casa Blanca")
Los textos y fotografías se pueden citar indicando la fuente.




Criterios de restauración: recomedaciones del arqueólogo Carlos Rudy Larios Villalta

Compartimos un extracto del "Manual de criterios de restauración para la Arquitectura Prehispánica”, del arqueólogo guatemalteco, consultor en restauración, Carlos Rudy Larios Villalta (Universidad Mariano Gálvez, Guatemala). Hemos adoptado plenamente sus recomendaciones como directrices de nuestro trabajo de restauración y conservación en la finca "Casa Blanca" de la Colonia Rusa San Javier, Monumento Histórico Nacional de Uruguay.


EXTRACTO DEL MANUAL

"Manual de criterios de restauración para la Arquitectura Prehispánica”. Preparado para el Ministerio de Cultura y Deportes de Guatemala.
Contrato de préstamos No. 1820/0C- GU, BID/PDCRBM, 2009

Carlos Rudy Larios Villalta
arqueólogo guatemalteco, consultor en restauración
Universidad Mariano Gálvez, Guatemala

RESTAURACIÓN es un proceso excepcional que busca, en primer lugar, devolverle a un Bien Cultural deteriorado, su estabilidad, respetando su integridad física, estética e histórica, mediante la aplicación de procesos técnicos, ordenados, que varían según el estado actual del objeto. Busca en primer lugar, devolverle al monumento su eficiencia estructural, y por medio de mínima intervención, hacerlo comprensible al observador. Surge del respeto por los materiales originales y las evidencias; no pretende  regresar el tiempo transcurrido, o rejuvenecer el objeto restaurado, se limita a darle la firmeza necesaria para que su testimonio histórico permanezca ante generaciones venideras con la mayor autenticidad posible. Se detiene drásticamente cuando empieza la hipótesis.

Institucionalmente, lo que interesa es evitar la falsificación del monumento y evitar justificaciones como la que hemos oído para validar los errores. Se dice por ejemplo: “Al presidente le gusta así” o bien, “La Carta de Venecia es obsoleta” “yo y nadie más que yo tengo la razón pues tengo la razón” “ las normas no son para mí”. En resumen, es preciso que las instituciones del Estado puedan contar con ciertos parámetros que propicien la mínima intervención, que eviten la reconstrucción y que ayuden a la preservación del monumento como un testigo del pasado con toda su integridad y autenticidad, evitando las falsificaciones.

Los edificios más antiguos y representativos de la Colonia Rusa San Javier, Uruguay: la centenaria finca "Casa Blanca" en el año 2017...

...el Galpón de Piedra, granero de la Colonia Rusa construido en 1915, tal como se conservaba hasta el año 2015...

...y la Sabrania, lugar de las reuniones religiosas de la comunidad rusa en San Javier, construida a principios de la década de 1930, tal como se conservaba hasta el año 2013.

  
MARCO ÉTICO

Una actitud recta y consciente de todos hará que la obra antigua pueda continuar proclamando su testimonio histórico con la mayor fidelidad posible.

De manera concreta, el equipo multidisciplinario que toca un monumento o conjunto de ellos, tiene en sus manos la opción de garantizar un testimonio fiel, o bien, la transformación de ese testimonio en una falsedad. Se debe fundamentar los criterios que siguen en un principio ético profesional que persigue la conservación de la obra material como testigo de un pasado lejano pero con la mayor autenticidad. Esto implica, necesariamente, el sentido de trabajo en equipo y naturalmente, la capacidad profesional de compartir conocimientos e información dejando atrás el egoísmo y por sobre todo, manteniendo un respeto estricto en torno a los derechos intelectuales de los demás.

El critico de arte John Ruskin dijo algo tan simple y sabio que ninguno puede rebatir: “La restauración puede llegar a ser una necesidad, de acuerdo. Encarad la necesidad y aceptadla, destruid el edificio, arrojad sus piedras al sitio más apartado, haced de ellas lastre o mortero... mas hacedlo honradamente, no lo reemplacéis por una mentira...” (Ruskin 1963).

Ruskin quizá exageró un poco en cuanto a tirar las piedras originales o hacer de ellas lastre, aunque muchas veces así se haya hecho, pero lo que para todos debe ser una base ética es: “hacedlo honradamente, no lo reemplacéis por una mentira.” Toda restauración busca la conservación de la obra material por su significado cultural pero también por el testimonio histórico, de modo que nadie tiene derecho de transformar el testigo fiel y hacer de él un testigo falso, una mentira.

La finca Casa Blanca en los años de 1915-1920.

La finca Casa Blanca en el año 2006.


MARCO DE AUTENTICIDAD

Cuando hablamos de autenticidad se habla además de ética, se habla de honestidad profesional, pues ésta da inicio con el equipo humano que interviene. Si los profesionales que intervienen en los procesos de valorización son deshonestos o comerciantes sin identidad cultural, su obra será igual que ellos, pero si los profesionales son honestos, auténticos, su obra también lo será. En este sentido, conociendo la tendencia humana de alterar la verdad, en el caso específico de la restauración la humanidad a través de expertos ha trabajado en la redacción de documentos que fijan los aspectos de autenticidad que todos debemos respetar: la declaración de Nara, Japón 1994 - Declaración de San Antonio, Texas, USA, 1996 - Declaración de Xi’an, China, 2005 - Carta de Venecia, 1964.

Carta de Venecia, 1964: “Portadoras de un mensaje espiritual del pasado, las obras monumentales de los pueblos permanecen en la vida presente como testimonio vivo de sus tradiciones seculares. La humanidad, que cada día toma conciencia de la unidad de los valores humanos, las considera como un patrimonio común, y pensando en las generaciones futuras, se reconoce solidariamente responsable de su conservación. Es su deber transmitirlas con toda la riqueza de su autenticidad.”

Artículo 9 “Tiene como fin el conservar los valores estéticos e históricos del monumento y se fundamenta en el respeto hacia la sustancia antigua y los documentos auténticos, se detiene allí, donde comienza lo hipotético.” De manera literal, la autenticidad entendida con toda fidelidad, sería la conservación del bien cultural tal como se encuentra.

La idea no es buscar la autenticidad en la prohibición de tocar un monumento sino más bien en que todas las acciones que se tengan que hacer, redunden en la conservación de la identidad nacional, la historia, y muy especialmente la conservación de los materiales originales con la mayor autenticidad que las circunstancias y su deterioro nos lo permitan. Consecuentemente, la ética profesional aplicada a la intervención, permitirá que el objeto restaurado refleje sus valores auténticos y no permitirá que se haga una falsificación o que el monumento autentico se sustituya por una mentira.

Bajo estos principios y una conciencia clara de las razones que nos asisten para conservar, el testimonio auténtico de los monumentos podrá trascender la materia y transmitir un mensaje profundo de tipo espiritual proveniente de una época remota única e irrepetible.


En el año 2015 el Galpón de Piedra fue drásticamente modificado en su estructura original interior y exterior, en el marco de un proyecto de reforma con fines turísticos, financiado por el BID y el Ministerio de Turismo de Uruguay.


FUNCIÓN SOCIAL 

Cuando se piensa en restauración de monumentos, de inmediato surge como base principal, el turismo y su explotación como base de desarrollo medido en dólares. Así se vio durante casi todo el siglo XX. Este desarrollo y bienestar, hace pensar que el objetivo principal de la conservación es el dinero que por su medio se colecta y favorece el desarrollo de las comunidades adyacentes, al país entero y mucho más allá (Empresas turísticas nacionales e internacionales, etc.)

Ciertamente, el atractivo que ejercen las obras antiguas de esta clase en el mundo entero, es legítimo y aprovechable para el desarrollo de los pueblo pero, de ninguna manera puede ser el fin social único que la nación busca. La experiencia nos ha enseñado que muchos lugares restaurados solo por el turismo, llegaron a ser modelos de lo que NO se debe hacer. Algunos de ellos produjeron monumentos que falsifican su testimonio; cambiaron sus materiales, su forma, su textura, su color, llegando a extremos de utilizar, por ejemplo, barras de hierro y concreto para reconstruir muros e incluso su techo abovedado. En otros, se han instalado luces y sonido que violan los espacios antiguos y transforman las plazas en teatros al aire libre, exponiendo los monumentos a un mayor deterioro por causa del uso y el paso constante de miles de personas.

Un monumento, como la etimología de la palabra lo dice, es un recuerdo... es un testigo fiel de un pasado lejano que trasciende la materia y nos muestra un pensamiento filosófico muy diferente al nuestro, ese pasado no puede regresar. Es imposible reconstruir la sociedad que lo creó y también es imposible regresar el tiempo que ha dejado su huella indeleble sobre él. En consecuencia, la función social moderna debe estar basada, no en una función antigua que no puede regresar, ni en el turismo, sino más bien, en un destino que busque por todos los medios posibles, que ese recuerdo y su testimonio del cual nos enorgullecemos ahora, sigan presentes ante muchas generaciones venideras, a fin de que éstas se identifiquen con su pasado.

La función o destino que se le designe al monumento puede hacer la diferencia entre un recuerdo y objeto de identidad auténtico y una escenografía instalada para el turismo. Es más, si el objetivo es conservar el monumento como testigo y como parte de la historia de la nación, su destino debe ser el de destacar su significado y valor cultural como testigo fiel que en su materia lleva el espíritu de una sociedad lejana y refleja su propia historia dando pruebas fehacientes de su antigüedad.

El tiempo, como el arquitecto que diseñó la ruina, tienen derechos intelectuales que nadie debería violar, por tanto, cuando restauramos un monumento y lo completamos con bases hipotéticas, o con evidencias muy pequeñas, lo que resulta es una falsificación de la verdad y peor aun, cuando se cobra por verlo, el visitante que pagó por ello resulta una víctima de estafa intelectual.

El turismo, como consecuencia, debe ser respetado, y surgir del atractivo natural del testimonio fiel que los monumentos transmiten; deben ser aprovechados para mostrarlos con autenticidad material, histórica y principalmente de identidad cultural de quienes tienen ahora el privilegio de ser depositarios de los mismos.

Es preciso decir además, que el monumento estabilizado y restaurado con respeto hacia su autenticidad, atraerá el turismo de todas maneras y por tanto, debe llenar también una función didáctica. Los visitantes locales y del mundo deben aprender en ellos sus características principales como forma, materiales, color, textura, técnicas y patrones de construcción antiguas dentro de un marco auténtico.

Primer Molino de aceite de girasol en Uruguay, construido por los fundadores rusos de San Javier en 1915.

El Molino, en el 2014.


CRITERIOS DE PROCEDIMIENTO Y MÉTODOS DE RESTAURACIÓN Y CONSERVACIÓN

De acuerdo con la Carta de Venecia, en su artículo 9, “La restauración es una operación que debe tener un carácter excepcional. Tiene como fin conservar y revelar los valores estéticos e históricos del monumento y se fundamenta en el respeto a la esencia antigua y a los documentos auténticos”. La restauración es una herramienta de conservación, pero como toda herramienta, debe ser usada con un gran respeto por la esencia antigua, su historia y la documentación auténtica. De lo contrario, la herramienta puede transformarse en un objeto de alteración o destrucción.

La conservación es una obligación del Estado aceptada legalmente pero, cuando se restaura y luego se olvida que los monumentos necesitan ser conservados mediante acciones constantes, y las acciones se limitan a la explotación turística más algunos trabajos cosméticos de mantenimiento y limpieza en las rutas turísticas, el resultado es una nueva destrucción.


Marca de nuestra época

La humanidad actual, ha llegado a comprender con alguna claridad lo que significan los derechos de autor, ha legislado en torno a esto y existen sanciones para todo aquél que usurpe ese derecho... En un monumento arquitectónico, existen dos autores intelectuales: Primeramente, el arquitecto y pueblo que hizo realidad la construcción y en segundo lugar, el tiempo que imprimió su huella en las edificaciones e hizo de ellos ancianos, testigos fieles de un pasado irrepetible y único. Basado en esto, y sabiendo que el objetivo de la restauración es preservar los valores estéticos e históricos, el restaurador moderno no debe alterar la composición arquitectónica ni tiene derecho de borrar la historia. Si lo hace, estará violando el derecho intelectual, tanto del arquitecto constructor como del tiempo.

La marca de nuestro tiempo, a la luz de las premisas planteadas, resulta un elemento ineludible, pero, debe ser discreto, legible en un examen minucioso, cercano. Si las partes complementarias se integren armoniosamente al resto del monumento, entonces, el cambio de materiales, textura, forma y color, deben evitarse y colocar marcas que no alteren estos factores. Aparte de ser reconocibles, deben ser el mínimo indispensable para hacer claras las características originales y la autenticidad del monumento. Cada restaurador de acuerdo con las características propias de cada edificación en ruina, en acuerdo con la institución oficial responsable de la conservación decidirá el tipo de marca sin olvidar que toda alteración de forma, materiales color o textura, altera el diseño original, viola el derecho intelectual del autor y puede dar una imagen errada de lo que fue.

Si los complementos rebasan los límites de la evidencia e incluso son mayores que los restos que se pretende complementar, falsifican la obra y podría ser un objeto que se vende al turista por su espectacularidad y atractivo, pero no por su autenticidad.


INCLUSIÓN Y PARTICIPACIÓN DE COMUNIDADES ADYACENTES

Como parte activa del manejo o gestión de lugares históricos las comunidades adyacentes deben jugar un papel preponderante pues serán ellas las más beneficiadas con el desarrollo y puesta en valor de los sitios cercanos. Pero es más, las autoridades de gobierno son constantemente cambiantes, las comunidades son permanentes, si ellas se organizan, se les capacita y luego se involucran en la conservación de los sitios, pueden ser colaboradores apolíticos permanentes y mejor aún, si viven del turismo, comprenderán que si los monumentos se dañan o se transforman en falsificaciones, la prosperidad también puede terminar.


CONCLUSIONES

Los derechos intelectuales del arquitecto que lo creó y del tiempo que transformó la obra de arte en una ruina, no facultan a nadie para cambiar la historia, o borrar las huellas del pasado sustituyendo faltantes por mentiras. De modo que, éticamente, la restauración debe respetar la composición arquitectónica y sobre todo ser armónica con los restos de ella y la naturaleza, evitando a toda costa usar la hipótesis como base para realizar complementos.

La ignorancia de los pueblos acerca de su pasado, provoca que no se sientan parte integral de él y no se identifiquen con su historia. Lo explotan solamente como una fuente de ingresos, con egoísmo, sin preocuparse por su conservación ni del futuro de las generaciones venideras.

Cuando un pueblo conoce su historia, fácilmente se identifica con su pasado y lucha por la conservación de sus valores, ve el turismo como una ganancia extra, pero sabe que esos valores los debe cuidar para que la ganancia extra sea sostenible y continúe siendo beneficio para las generaciones venideras.

La finca Casa Blanca continúa su lento proceso de restauración, año 2017.


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© 2009 Texto: Carlos Rudy Larios Villalta
© 2018 Fotos: Nicolás Golovchenko Villagrán
(Museo de la Diáspora Rusa "Casa Blanca")
Los textos y fotografías se pueden citar indicando la fuente.









Carta de Venecia, 1964



CARTA INTERNACIONAL SOBRE LA CONSERVACION Y
LA RESTAURACION DE MONUMENTOS Y SITIOS
(CARTA DE VENECIA 1964)

II Congreso Internacional de Arquitectos y Técnicos de Monumentos Históricos, Venecia 1964.

Adoptada por ICOMOS en 1965.

PREÁMBULO

Cargadas de un mensaje espiritual del pasado, las obras monumentales de los pueblos continúan siendo en la vida presente el testimonio vivo de sus tradiciones seculares. La humanidad, que cada día toma conciencia de la unidad de los valores humanos, los considera como un patrimonio común, y de cara a las generaciones futuras, se reconoce solidariamente responsable de su salvaguarda. Debe transmitirlos en toda la riqueza de su autenticidad.

Por lo tanto, es esencial que los principios que deben presidir la conservación y la restauración de los monumentos sean establecidos de común y formulados en un plan internacional dejando que cada nación cuide de asegurar su aplicación en el marco de su propia cultura y de sus tradiciones.

Dando una primera forma a estos principios fundamentales, la Carta de Atenas de 1931 ha contribuido al desarrollo de un vasto movimiento internacional, que se ha traducido principalmente en los documentos nacionales, en la actividad del ICOM y de la UNESCO y en la creación, por esta última, de un Centro internacional de estudios para la conservación de los bienes culturales. La sensibilidad y el espíritu crítico se han vertido sobre problemas cada vez más complejos y más utiles; también ha llegado el momento de volver a examinar los principios de la Carta a fin de profundizar en ellos y de ensanchar su contenido en un nuevo documento.

En consecuencia, el II Congreso Internacional de Arquitectos y de Técnicos de Monumentos Históricos, reunido en Venecia del 25 al 31 de mayo de 1964, ha aprobado el siguiente texto:


DEFINICIONES

Artículo 1.
La noción de monumento histórico comprende la creación arquitectónica aislada así como el conjunto urbano o rural que da testimonio de una civilización particular, de una evolución significativa, o de un acontecimiento histórico. Se refiere no sólo a las grandes creaciones sino también a las obras modestas que han adquirido con el tiempo una significación cultural.

Artículo 2.
La conservación y restauración de monumentos constituye una disciplina que abarca todas las ciencias y todas las técnicas que puedan contribuir al estudio y la salvaguarda del patrimonio monumental.

Artículo 3.
La conservación y restauración de monumentos tiende a salvaguardar tanto la obra de arte como el testimonio histórico.


CONSERVACIÓN

Artículo 4.
La conservación de monumentos implica primeramente la constancia en su mantenimiento.

Artículo 5.
La conservación de monumentos siempre resulta favorecida por su dedicación a una función útil a la sociedad; tal dedicación es por supuesto deseable pero no puede alterar la ordenación o decoración de los edificios. Dentro de estos límites es donde se debe concebir y autorizar los acondicionamientos exigidos por la evolución de los usos y costumbres.

Artículo 6.
La conservación de un monumento implica la de un marco a su escala. Cuando el marco tradicional subsiste, éste será conservado, y toda construcción nueva, toda destrucción y
cualquier arreglo que pudiera alterar las relaciones entre los volúmenes y los colores, será desechada.

Artículo 7.
El monumento es inseparable de la historia de que es testigo y del lugar en el que está ubicado. En consecuencia, el desplazamiento de todo o parte de un monumento no puede ser consentido nada más que cuando la salvaguarda del monumento lo exija o cuando razones de un gran interés nacional o internacional lo justifiquen.

Artículo 8.
Los elementos de escultura, pintura o decoración que son parte integrante de un monumento sólo pueden ser separados cuando esta medida sea la única viable para asegurar su conservación.


RESTAURACIÓN

Artículo 9.
La restauración es una operación que debe tener un carácter excepcional. Tiene como fin conservar y revelar los valores estéticos e históricos del monumento y se fundamenta en el respeto a la esencia antigua y a los documentos auténticos. Su límite está allí donde comienza la hipótesis: en el plano de las reconstituciones basadas en conjeturas, todo trabajo de complemento reconocido como indispensable por razones estéticas o técnicas aflora de la composición arquitectónica y llevará la marca de nuestro tiempo. La restauración estará siempre precedida y acompañada de un estudio arqueológico e histórico del monumento.

Artículo 10.
Cuando las técnicas tradicionales se muestran inadecuadas, la consolidación de un monumento puede ser asegurada valiéndose de todas las técnicas modernas de conservación y de construcción cuya eficacia haya sido demostrada con bases científicas y garantizada por la experiencia.

Artículo 11.
Las valiosas aportaciones de todas las épocas en la edificación de un monumento deben ser respetadas, puesto que la unidad de estilo no es un fin a conseguir en una obra de restauración. Cuando un edificio presenta varios estilos superpuestos, la desaparición de un estadio subyacente no se justifica más que excepcionalmente y bajo la condición de que los elementos eliminados no tengan apenas interés, que el conjunto puesto al descubierto constituya un testimonio de alto valor histórico, arqueológico o estético, y que su estado de conservación se juzgue suficiente. El juicio sobre el valor de los elementos en cuestión y la decisión de las eliminaciones a efectuar no pueden depender únicamente del autor del proyecto.

Artículo 12.
Los elementos destinados a reemplazar las partes inexistentes deben integrarse armoniosamente en el conjunto, distinguiéndose claramente de las originales, a fin de que la restauración no falsifique el documento artístico o histórico.

Artículo 13.
Los añadidos no deben ser tolerados en tanto que no respeten todas las partes interesantes del edificio, su trazado tradicional, el equilibrio de su composición y sus relaciones con el medio ambiente.


LUGARES MONUMENTALES (CONJUNTOS HISTORICOARTISTICOS)

Artículo 14.
Los lugares monumentales deben ser objeto de atenciones especiales a fin de salvaguardar su integridad y de asegurar su saneamiento, su tratamiento y su realce. Los trabajos de conservación y de restauración que en ellos sean ejecutados deben inspirarse en los principios enunciados en los artículos precedentes.


EXCAVACIONES

Artículo 15.
Los trabajos de excavaciones deben llevarse a cabo de acuerdo con las normas científicas y con la "Recomendación que define los principios internacionales a aplicar en materia de excavaciones arqueológicas" adoptada por la UNESCO en 1956.

El mantenimiento de las ruinas y las medidas necesarias para la conservación y protección permanente de los elementos arquitectónicos y de los objetos descubiertos deben estar garantizados. Además, se emplearán todos los medios que faciliten la comprensión del monumento descubierto sin desnaturalizar su significado.

Cualquier trabajo de reconstrucción deberá, sin embargo, excluirse a priori; sólo la anastilosis puede ser tenida en cuenta, es decir, la recomposición de las partes existentes pero desmembradas. Los elementos de integración serán siempre reconocibles y constituirán el mínimo necesario para asegurar las condiciones de conservación del monumento y restablecer la continuidad de sus formas.


DOCUMENTACIÓN Y PUBLICACIÓN

Artículo 16.
Los trabajos de conservación, de restauración y de excavación irán siempre acompañados de la elaboración de una documentación precisa, en forma de informes analíticos y críticos, ilustrados con dibujos y fotografías. Todas las fases del trabajo de desmontaje, consolidación, recomposición e integración, así como los elementos técnicos y formales identificados a lo largo de los trabajos, serán allí consignados. Esta documentación será depositada en los archivos de un organismo público y puesta a la disposición de los investigadores; se recomienda su publicación.


ENLACES DE INTERÉS

La Carta de Venecia en el sitio web de ICOMOS

La Carta de Venecia en el sitio web Charta von Venedig


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